En 1889, en Chaná, provincia de Huari, se produjo un grave escándalo a raíz de la infidelidad de una mujer
casada, a quien el gobernador del pueblo denunció por adulterio.
Lo curioso es que este tipo de acusaciones solo se hacía contra las
mujeres, rara vez contra los hombres, salvo que protagonizaran escándalo público o llevaran a la amante a su casa.
Desde la época colonial, la infidelidad conyugal se consideraba un
pecado grave, que era juzgado y sancionado por las autoridades eclesiásticas
(generalmente curas), que se encargaban de velar por la moral y las buenas costumbres de
la población.
Es por ello que el adulterio ocurrido en Chaná no pasó desapercibido. El
gobernador de esa localidad, José del Carmen Mallqui, presentó la denuncia ante el
párroco de San Marcos por ser esta la
«doctrina» o centro administrativo religioso de los pueblos que hoy forman parte de los distritos de Rahuapampa, Huachis, Uco, Huacachi y
Llamellín.
La denuncia fue registrada el 1 de enero de
1889 y en ella estaban involucradas diversas personas, tal como
puede leerse en la siguiente transcripción.
Señor benerable cura y Juez Eclesiástico de San Marcos:
En esta fecha tengo el honor de dirigir el presente Oficio a su conocimiento respetable para que se disponga lo mejor conveniente sobre el delito de violación de adulterio la esposa de Bruno, llamada Ramona con Bernardo; pues la madre de la dicha Ramona, como tiene una costumbre… de putear, lo conciente que tenga la misma suerte su hija; y sin respetar a Dios ni menos a las Autoridades con un escarnio escandaloso a las Leyes sagradas. Andan la adultera Ramona junto con su marchante Bernardo (…) despreciando completamente a su infeliz esposo Bruno (…)”.
El escándalo fue tan grande que la mujer de Bernardo dijo que encontró a
su esposo “encamado de noche” con Ramona, y como prueba de ese delito tenía
la lliclla que dejó olvidada la adúltera.
Temerosos de que el gobernador denunciara a Ramona, su
familia fue a casa de la autoridad para intimidarlo, y para ello atacaron a pedradas su casa. Esto, lejos de hacerlo retroceder, le dio más motivos para que solicite al cura de San Marcos que les impongan un castigo severo a los agresores y a la infiel.
“Y sin que este juzgado haga el comparendo, se han presentado a mi Domicilio con piedra en mano con toda sus familias a atacarme; y por estas razones tan poderosas conviene como Autoridad eclesiástica según (…) de sus atribuciones, castigar severamente y tenerlo con todas sus familias en la confesión tres meses en esa Doctrina con purga de sus delitos.

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